20 claves para iluminar bien tu cocina

¿Estás a oscuras a la hora de planificar la iluminación de tu cocina? Te ayudamos a poner un poco de luz en el asunto y sacarte de dudas. Sigue nuestros consejos y disfrutarás de una luz adecuada para cada zona. ¡Y se hizo la luz!

1. Aprovecha
 la luz natural de tu cocina

La iluminación ideal de una cocina es el resultado de combinar la luz natural con la artificial. Por eso, si tu cocina cuenta con luz natural aprovéchala, planificando una distribución que no dificulte ni tape su circulación, como se ha hecho aquí.

(Muebles de Kvik)

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2. Define los usos 

Piensa si sólo cocinas, si comes en ella, si pasas rato tomando un café y charlando, si tus hijos dibujan mientras cocinas… Debe haber una luz general pero también una puntual para cada actividad y hay que evitar dejar zonas oscuras.

(Taburetes de Maisons du Monde)

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3. Comprométete con el ahorro

Y eso significa elegir leds. Su consumo energético es muy bajo –puede llegar a ser hasta el 90% menos que una bombilla tradicional– y su vida útil es muy larga –hasta 50.000 horas, casi diez veces más que una incandescente–. Además, hoy en día se comercializan con diferentes tipos de casquillos.

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4. Planifica la iluminación general

En la cocina, es básico contar con una luz uniforme y constante, de ahí que lo mejor sea distribuir focos empotrados o downlight, mejor si son led, por toda la cocina. Al elegirlos, ten en cuenta que tengan una gran abertura focal, mínimo de 60º, ya que dan una mayor expansión de la luz. Se recomienda instalar uno por cada metro cuadrado.

(Muebles de Santos Estudio)

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5. Zonifica con la iluminación

Una vez cuentes con la iluminación general, es importante dotar a cada zona de su propia luz de refuerzo. No solo es más cómodo sino que ayuda al ahorro, ya que si estás trabajando en la encimera, quizás no es necesario tener la luz general de la cocina encendida, te basta con la puntual. Ganarás en comodidad y practicidad si asocias un interruptor a cada zona de la cocina (trabajo, cocción, fregadero…).

(Proyecto de cocina de Deulonder Arquitectura Domèstica)

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6. Apuesta por un área 
de trabajo segura

Es muy importante que la zona en la que manipules los alimentos disponga de una buena iluminación puntual. ¿Lo mejor? Sitúa luces bajo los módulos altos, como se ha hecho aquí. Las hay específicas para este espacio.

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7. Ilumina con tiras de Led

Añadidos a la parte inferior de los armarios, es una opción práctica, discreta y muy eficiente. Lo más cómodo es instalarlos en todo el largo de la encimera o, como aquí bajo toda la balda, así se ilumina de manera homogénea evitando que la vista se canse. Además, los leds no desprenden calor.

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8. Acierta con la temperatura de color

Para la zona de la encimera o el área de trabajo se recomienda optar por una luz fría, de unos 4.000ºK, ya que es básico respetar el color natural de los alimentos. Mientras que para el office, lo ideal es una luz más cálida, de unos 3000ºK.

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9. Elige leds de calidad

A la hora de cocinar, ver el color de los alimentos correctamente es muy importante y en ello tiene mucho que ver la luz. Apuesta por un led con un alto valor CRI (Colour Rendering Index), que indica su calidad, ya que te permitirá percibir mejor los colores.

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10. Suma confort con la luz 

Si quieres que tu cocina sea más confortable, añade alguna luz de ambiente, como apliques empotrados o bañadores de pared abiertos por la parte superior. Te ayudarán, por ejemplo, a iluminar las zonas de paso o las paredes del office.

(Cocina proyectada por Deulonder Arquitectura Domèstica y la constructora Sic Bosch)

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En la cocina, la luz es clave. “Como en el resto de casa”, podrías pensar. Sí…, pero no. Y es que la iluminación necesaria para preparar la comida nada tiene que ver con la luz indicada para comerla. Por ello, al planificar la iluminación, además de pensar muy bien la ubicación de los diferentes puntos de luz para que no quede ningún rincón en semipenumbra, es básico acertar con el tipo de fuente de luz y su temperatura de color.

Leds, sin competencia

La popularización de los leds puso en jaque al resto de fuentes de luz habituales hasta entonces. Si hasta no hace tanto los halógenos eran los reyes de la cocina, ahora son casi un rara avis. Y es que las ventajas que ofrecen los leds frente a estas fuentes de luz son muchas. Repasamos algunas de las más destacadas.

Altamente eficientes

Los leds consumen aproximadamente un 90% menos de energía que una fuente de iluminación común. ¿Y lo mejor? Producen la misma luz ¡o incluso más! Esta caída en el consumo repercute de inmediato en la factura eléctrica.

Alta calidad de luz

El índice de rendimiento cromático (CRI) es una medida de la calidad de la luz y en la tecnología led suele ser de <90, frente al de las luces comunes, que es de 44. ¿Esto qué significa? Que los colores son más puros, nítidos, vivos y profundos. Lo que, en una cocina, es de agradecer. Piénsalo: estás manipulando alimentos y es importante que los ingredientes luzcan el color más “natural” posible.

Larga vida útil

Más de 50.000 horas. ¡Y eso son muchas horas! Además, los Leds no es que dejen de funcionar, como ocurría con las bombillas incandescentes al romperse su filamento, simplemente se va reduciendo su capacidad lumínica.

Sin mantenimiento

Al tener una vida mucho más larga, puedes olvidarte del todo de ellos hasta que sea necesario cambiarlos. Que va a ser dentro de algunos años. Con ello te evitas tener que estar reemplazando constantemente las bombillas, ahorrándote tiempo, dinero e ideas y venidas de la ferretería.

Encendido instantáneo

Es probable que recuerdes el típico parpadeo del fluorescente al encender la luz de la cocina. Con los leds esto se ha acabado, ya que no emiten picos ni parpadeo lumínico al darle al encendido. Es más, alcanzan toda su brillantez de forma inmediata.

Tecnología eco

La luz producida por los leds no emite rayos ultravioleta ni rayos infrarrojos, lo que ayuda a evitar riesgos de salud. Además, las bombilas leds son reciclables y no contaminan el medio ambiente.

Temperatura de color (ºK)

Se expresa en grados Kelvin (ºK) y es la que determina el tipo de color que tendrá la luz de la fuente lumínica. Hasta 2.700ºK se considera una luz cálida, ya que tiende a amarillo, mientras que a partir de 5.000 ºK es una luz fría, que deriva hacia el azul. En general, para cocinar y manipular los alimentos se recomienda optar por una luz más fría, mientras que para una iluminación ambiental o para la zona del office lo mejor es apostar por una luz más cálida.

 

ViaElmueble 

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